Hubiera bastado con hacer un "copy-paste", pero prefiero sentir el placer de escribir estas líneas que no son mías, por cierto, sino de uno de mis más admirados escritores, Hermann Hesse, y corresponden a un extracto de la introducción de su libro "Demian":
"...Hoy se sabe menos que nunca lo que es un hombre vivo, y se lleva a morir bajo el fuego a millares de hombres, cada uno de los cuales es un ensayo único y precioso de la naturaleza. Si no fuéramos algo más que individuos aislados, si cada uno de nosotros pudiese realmente ser borrado por completo del mundo por una bala de fusil, no tendría ya sentido alguno relatar historias. Pero cada uno de los hombres no es tan sólo él mismo; es también el punto único, particularísimo, importante siempre y singular, en que se cruzan los fenómenos del mundo, sólo una vez de aquel modo y nunca más. Así, la historia de cada hombre es esencial, eterna y divina, y cada hombre, mientras vive en alguna parte cumple la voluntad de la Naturaleza, es algo maravilloso digno de toda atención...", "...No soy un hombre que sabe. He sido uno que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni los libros; comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse a sí mismos."
jueves, marzo 11, 2010
martes, enero 05, 2010
A mi madre

Madre,
Aquí estamos, donde tu quisiste estar, con los que quisiste estar y con la música que tu misma escogiste.
Te vas temprano pero dejas tus huellas imborrables de alegría y amor entregados en las memorias de todos quienes te conocimos.
Desde mi perspectiva de hijo no dejo de sentir admiración por ti, madre toda y en todo momento. Tu vida fuimos nosotros, tus hijos, nos amaste profundamente y sé que tu amor no se fue con tu último aliento.
Te vas y también siento que se va ese rincón único en el que nada me sucede, en el que la música es tu suave latir de corazón y tu arrullo es el único movimiento dulcemente adormecedor.
Se asoma en mí esa sensación de desamparo y angustia que lucha frente a frente con mi convicción de que perdudarás de alguna forma que por ahora desconozco.
Recorren mi mente tantos recuerdos de tierna infancia, de tu calor y protección, de tu mano, siempre apretando fuerte cuando caminábamos por la calle, de tus abrazos; de esos que quitan el aire, de los innumerables "te amo mucho, hijo".
Y es que fuiste incansable en amarnos y protegernos. Nuestras penas eran tus penas multiplicadas por mil, nuestras alegrías eran tu tranquilidad y felicidad.
En paz me deja saber que te abracé y besé todas las veces que quise, y quise muchas.
En paz me deja saber que partiste sabiendo todo lo que te amo.
Desde mi perspectiva de padre me dejas la vara muy alta, pero también me dejas las herramientas para igualarla y superarla. 33 años aprendí de ti...
Alguna vez critiqué que aceptaras todos mis defectos sin mayor preocupación y argumentabas que lo hacías porque mis defectos eran los tuyos y me dejabas ser confiando en mi criterio y capacidad "del darse cuenta"
No creas que tu responsabilidad de cuidarnos termina aquí y aunque parezca contradictorio hoy no me despediré de ti sino que te daré una bienvenida pues estarás de otra forma en nuestras vidas.
Aquí estamos, donde tu quisiste estar, con los que quisiste estar y con la música que tu misma escogiste.
Te vas temprano pero dejas tus huellas imborrables de alegría y amor entregados en las memorias de todos quienes te conocimos.
Desde mi perspectiva de hijo no dejo de sentir admiración por ti, madre toda y en todo momento. Tu vida fuimos nosotros, tus hijos, nos amaste profundamente y sé que tu amor no se fue con tu último aliento.
Te vas y también siento que se va ese rincón único en el que nada me sucede, en el que la música es tu suave latir de corazón y tu arrullo es el único movimiento dulcemente adormecedor.
Se asoma en mí esa sensación de desamparo y angustia que lucha frente a frente con mi convicción de que perdudarás de alguna forma que por ahora desconozco.
Recorren mi mente tantos recuerdos de tierna infancia, de tu calor y protección, de tu mano, siempre apretando fuerte cuando caminábamos por la calle, de tus abrazos; de esos que quitan el aire, de los innumerables "te amo mucho, hijo".
Y es que fuiste incansable en amarnos y protegernos. Nuestras penas eran tus penas multiplicadas por mil, nuestras alegrías eran tu tranquilidad y felicidad.
En paz me deja saber que te abracé y besé todas las veces que quise, y quise muchas.
En paz me deja saber que partiste sabiendo todo lo que te amo.
Desde mi perspectiva de padre me dejas la vara muy alta, pero también me dejas las herramientas para igualarla y superarla. 33 años aprendí de ti...
Alguna vez critiqué que aceptaras todos mis defectos sin mayor preocupación y argumentabas que lo hacías porque mis defectos eran los tuyos y me dejabas ser confiando en mi criterio y capacidad "del darse cuenta"
No creas que tu responsabilidad de cuidarnos termina aquí y aunque parezca contradictorio hoy no me despediré de ti sino que te daré una bienvenida pues estarás de otra forma en nuestras vidas.
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