
Madre,
Aquí estamos, donde tu quisiste estar, con los que quisiste estar y con la música que tu misma escogiste.
Te vas temprano pero dejas tus huellas imborrables de alegría y amor entregados en las memorias de todos quienes te conocimos.
Desde mi perspectiva de hijo no dejo de sentir admiración por ti, madre toda y en todo momento. Tu vida fuimos nosotros, tus hijos, nos amaste profundamente y sé que tu amor no se fue con tu último aliento.
Te vas y también siento que se va ese rincón único en el que nada me sucede, en el que la música es tu suave latir de corazón y tu arrullo es el único movimiento dulcemente adormecedor.
Se asoma en mí esa sensación de desamparo y angustia que lucha frente a frente con mi convicción de que perdudarás de alguna forma que por ahora desconozco.
Recorren mi mente tantos recuerdos de tierna infancia, de tu calor y protección, de tu mano, siempre apretando fuerte cuando caminábamos por la calle, de tus abrazos; de esos que quitan el aire, de los innumerables "te amo mucho, hijo".
Y es que fuiste incansable en amarnos y protegernos. Nuestras penas eran tus penas multiplicadas por mil, nuestras alegrías eran tu tranquilidad y felicidad.
En paz me deja saber que te abracé y besé todas las veces que quise, y quise muchas.
En paz me deja saber que partiste sabiendo todo lo que te amo.
Desde mi perspectiva de padre me dejas la vara muy alta, pero también me dejas las herramientas para igualarla y superarla. 33 años aprendí de ti...
Alguna vez critiqué que aceptaras todos mis defectos sin mayor preocupación y argumentabas que lo hacías porque mis defectos eran los tuyos y me dejabas ser confiando en mi criterio y capacidad "del darse cuenta"
No creas que tu responsabilidad de cuidarnos termina aquí y aunque parezca contradictorio hoy no me despediré de ti sino que te daré una bienvenida pues estarás de otra forma en nuestras vidas.
Aquí estamos, donde tu quisiste estar, con los que quisiste estar y con la música que tu misma escogiste.
Te vas temprano pero dejas tus huellas imborrables de alegría y amor entregados en las memorias de todos quienes te conocimos.
Desde mi perspectiva de hijo no dejo de sentir admiración por ti, madre toda y en todo momento. Tu vida fuimos nosotros, tus hijos, nos amaste profundamente y sé que tu amor no se fue con tu último aliento.
Te vas y también siento que se va ese rincón único en el que nada me sucede, en el que la música es tu suave latir de corazón y tu arrullo es el único movimiento dulcemente adormecedor.
Se asoma en mí esa sensación de desamparo y angustia que lucha frente a frente con mi convicción de que perdudarás de alguna forma que por ahora desconozco.
Recorren mi mente tantos recuerdos de tierna infancia, de tu calor y protección, de tu mano, siempre apretando fuerte cuando caminábamos por la calle, de tus abrazos; de esos que quitan el aire, de los innumerables "te amo mucho, hijo".
Y es que fuiste incansable en amarnos y protegernos. Nuestras penas eran tus penas multiplicadas por mil, nuestras alegrías eran tu tranquilidad y felicidad.
En paz me deja saber que te abracé y besé todas las veces que quise, y quise muchas.
En paz me deja saber que partiste sabiendo todo lo que te amo.
Desde mi perspectiva de padre me dejas la vara muy alta, pero también me dejas las herramientas para igualarla y superarla. 33 años aprendí de ti...
Alguna vez critiqué que aceptaras todos mis defectos sin mayor preocupación y argumentabas que lo hacías porque mis defectos eran los tuyos y me dejabas ser confiando en mi criterio y capacidad "del darse cuenta"
No creas que tu responsabilidad de cuidarnos termina aquí y aunque parezca contradictorio hoy no me despediré de ti sino que te daré una bienvenida pues estarás de otra forma en nuestras vidas.